«Imagina que esta ciudad nunca la has visto y alguien te la enseña. Creo que este trabajo lo consigue, cuando cierro los ojos y me imagino paseando por sus calles puedo hacerlo. No sé si eres consciente de lo bien que has hecho al tomar las fotos. Sin duda, Nápoles necesita altura para entenderla y es lo que has plasmado de una forma genial. Nadie se preocupa si se cae algo del cielo, es más, del cielo bajan las cestas y suben para ahorrar tiempo. Que más dan las señales de prohibido en una calle si por muy estrecha que sea se van a meter las motocicletas igual. La calle permite bloque de su ancho y de ahí para arriba todo es posible. Cómo lo quedas enredado entre cuerdas y cables de este caos maravilloso que muestras entre camisas, bragas o sábanas. No dejas de lado esas personas tan atípicas que hacen que tu fotografía tenga alma (la anciana que nos mira, el vendedor, el señor del libro, …). Esa suerte de encontrar la gente y que las coincidencias parezcan fáciles (móviles). Que te apetezca comer esa pizza que demuestra su éxito en la basura y en la demanda. Ver a las viejas glorias de fútbol resistiendo en las paredes y conviviendo con un altar donde menos te lo esperes. Donde cabe una virgen también cabe una motocicleta con toda la delicadeza del mundo. Porque es como si llevasen años y años ahí donde todo el mundo eso lo respeta. Sin duda, recorrer estas calles es como pegarte a los detalles igual que a centímetros se pegan los coches a la pared. Encontrar a los chiquillos en la motocicleta acelerando cuesta abajo es como un premio al que ve la foto y no falla en el disparo.
Qué buen trabajo, maestro, qué bien pasean mis ojos al ver el corazón de Nápoles en tu cámara. Bravo Virgilio».
Gema